Coahuila presume empleo, pero supera la tasa nacional de desocupación.

Mientras el discurso oficial presenta a Coahuila como una potencia industrial, la tasa estatal de desocupación alcanzó 3.7% durante el segundo trimestre de 2026. El indicador superó en un punto porcentual el promedio nacional y exhibió una realidad laboral más compleja que la propaganda gubernamental.

Coahuila mantiene una de las tasas de informalidad más bajas del país, pero enfrenta una desocupación superior al promedio nacional y fuertes desigualdades regionales.

¿Por qué tantas personas en Coahuila aseguran que “no hay trabajo” si el discurso gubernamental presume liderazgo industrial, inversiones y generación constante de empleos? Los resultados más recientes de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) muestran que esa percepción tiene un sustento estadístico.

Durante el segundo trimestre de 2026, Coahuila registró una tasa de desocupación de 3.7%, mientras que el indicador nacional se ubicó en 2.7%. Esto significa que la proporción de personas económicamente activas que buscaron empleo y no lo encontraron fue un punto porcentual mayor en la entidad.

El dato coloca a Coahuila entre los estados con mayores niveles de desocupación abierta del país, pese a la narrativa que lo presenta como un territorio de oportunidades laborales prácticamente garantizadas. La cifra estatal puede consultarse en el Catálogo Nacional de Indicadores del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica.

Tomando como referencia el tamaño de la población económicamente activa del estado, esa tasa representa aproximadamente más de 60 mil personas buscando activamente una oportunidad laboral sin conseguirla. No se trata de personas que decidieron no trabajar, sino de ciudadanas y ciudadanos disponibles para incorporarse a una actividad productiva que realizaron acciones concretas para encontrar empleo.

Desempleo en Coahuila: la cifra que contradice el discurso

Coahuila posee una planta industrial importante y una larga trayectoria manufacturera. Sin embargo, contar con fábricas, parques industriales y anuncios de inversión no garantiza automáticamente que exista una vacante adecuada para cada persona ni que los puestos disponibles ofrezcan salarios suficientes, estabilidad y posibilidades de crecimiento.

La ENOE correspondiente al periodo abril-junio de 2026 reportó que en México había aproximadamente 1.6 millones de personas desocupadas y que la tasa nacional llegó a 2.7%. Los resultados fueron difundidos por el INEGI el 25 de agosto de 2026. Consultar resultados nacionales de la ENOE.

En Coahuila, el 3.7% obliga a mirar más allá de los anuncios oficiales. Si el estado realmente encabeza la generación de oportunidades, también debe explicar por qué su proporción de buscadores sin empleo supera la media del país.

El problema no se resuelve acumulando ferias de empleo, fotografías institucionales o comunicados sobre inversiones futuras. El indicador relevante es cuántas personas consiguen un trabajo estable, cuánto reciben por su jornada y si ese ingreso les permite sostener dignamente a sus familias.

Baja informalidad y alto desempleo: una paradoja aparente

Coahuila también se distingue por presentar una de las tasas de informalidad laboral más bajas de México. El indicador se situó alrededor de 35.5% durante el segundo trimestre de 2026, muy por debajo del 55.1% registrado a escala nacional.

A primera vista, podría parecer contradictorio que un estado con elevada formalidad presente al mismo tiempo una tasa de desocupación superior al promedio. Sin embargo, ambos indicadores miden fenómenos diferentes.

La informalidad se calcula entre las personas que ya están ocupadas y permite identificar cuántas trabajan sin acceso pleno a esquemas formales de protección laboral. La tasa de desocupación, en cambio, mide a quienes no tienen empleo, están disponibles y lo buscaron activamente.

Por ello, una baja informalidad no elimina el desempleo. Lo que muestra es que una proporción mayor de quienes sí tienen trabajo se encuentra dentro del sector formal. También puede significar que la economía informal absorbe a menos personas que en otras entidades, pero las cifras por sí solas no demuestran que los trabajadores “prefieran esperar” una vacante con contrato.

Esa explicación debe manejarse como una posible interpretación y no como una conclusión del INEGI. La encuesta registra condiciones laborales, pero no acredita que la tasa de desocupación se deba a una preferencia generalizada por el empleo formal.

No todas las vacantes responden a las necesidades laborales

Otro elemento del panorama es la posible falta de correspondencia entre los puestos ofrecidos y los perfiles de quienes buscan incorporarse al mercado laboral.

Coahuila cuenta con una fuerte presencia de actividades manufactureras y operativas. Sin embargo, egresados universitarios, técnicos, trabajadores administrativos y personas con experiencia especializada pueden enfrentar dificultades para encontrar posiciones acordes con su preparación.

Que exista una vacante no significa necesariamente que represente una oportunidad adecuada. Los turnos, salarios iniciales, distancia, transporte, prestaciones, experiencia solicitada y posibilidades de desarrollo influyen en la capacidad de una persona para aceptar y conservar un empleo.

La discusión, por tanto, no debe reducirse a preguntar si “la gente quiere trabajar”. La pregunta correcta es si el mercado está generando empleos compatibles con las capacidades de la población y con el costo real de vivir en las distintas regiones de Coahuila.

Un estado industrial con profundas brechas regionales

La situación laboral tampoco es igual en todo el territorio. Saltillo, Ramos Arizpe y algunos municipios de la frontera norte mantienen dinámicas económicas relacionadas con la industria automotriz, la manufactura y el comercio exterior.

La Región Centro, en cambio, continúa enfrentando los efectos económicos y sociales de la crisis siderúrgica. La pérdida de actividad productiva no solamente afecta empleos directos; también golpea a proveedores, comercios, transportistas, prestadores de servicios y familias que dependen del movimiento industrial.

Presentar un solo promedio estatal puede ocultar estas diferencias. Coahuila necesita una estrategia regional que atienda las condiciones particulares de Monclova, Frontera, la Región Carbonífera, La Laguna, el norte y el sureste.

Desde el Partido del Trabajo Coahuila sostenemos que el empleo debe evaluarse por su capacidad para generar bienestar y no únicamente por la cantidad de anuncios gubernamentales. La entidad necesita oportunidades con salarios dignos, seguridad social, estabilidad contractual y crecimiento profesional.

También se requieren políticas para recuperar las zonas afectadas por la desaceleración industrial, vincular a las universidades con los sectores productivos y respaldar proyectos económicos que no dependan de una sola actividad o de unas cuantas grandes empresas.

Coahuila necesita mejores empleos, no mejores discursos

La baja informalidad es un dato favorable, pero no puede utilizarse para esconder una tasa de desocupación superior al promedio nacional. Ambos indicadores deben analizarse juntos para comprender la verdadera situación del mercado laboral.

La población no vive de porcentajes aislados ni de lugares obtenidos en clasificaciones oficiales. Vive de su salario, de la estabilidad de su contrato y de la posibilidad de cubrir alimentación, vivienda, transporte, educación y salud.

Si miles de coahuilenses buscan empleo sin encontrarlo, el gobierno estatal tiene la obligación de reconocer el problema y presentar resultados verificables. Negar la realidad porque incomoda al discurso oficial no genera una sola vacante.

Coahuila no necesita que le repitan que es una potencia. Necesita que ese supuesto liderazgo industrial se convierta en trabajo digno, mejores salarios y oportunidades reales en cada región del estado.

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