El diputado federal señaló que las denuncias por un servicio deficiente deben mantenerse en la agenda pública hasta obtener respuestas. Planteó que atender la urgencia del desabasto también requiere soluciones de fondo.
Saltillo, Coahuila. El diputado federal Ricardo Mejía Berdeja afirmó que el acceso al agua debe ser un derecho garantizado para todas las familias y expresó que continuará dando visibilidad a las denuncias de quienes exigen un servicio digno. Su posicionamiento responde a una preocupación cotidiana: para las personas que abren la llave y no encuentran agua, el problema no termina con reconocer que existe una crisis; necesitan saber cuándo recibirán el servicio y qué se hará para evitar nuevas interrupciones.
Mejía sostuvo que las demandas ciudadanas deben seguir sobre la mesa hasta traducirse en soluciones. La exigencia abarca dos tiempos distintos. El primero es inmediato: atender a las familias que hoy enfrentan dificultades para cubrir sus necesidades domésticas. El segundo requiere revisar las causas del problema, las condiciones de la infraestructura y la capacidad de respuesta de quienes prestan el servicio. Resolver solo la urgencia del día deja abierta la posibilidad de que el desabasto vuelva a presentarse.
Del derecho reconocido al servicio que llega a casa
El acceso al agua ya está reconocido en el artículo 4.º de la Constitución mexicana. La disposición comprende el acceso, la disponibilidad y el saneamiento para consumo personal y doméstico en condiciones suficientes, salubres, aceptables y asequibles. También establece que el Estado debe garantizar ese derecho mediante la participación de los distintos órdenes de gobierno. La discusión, por tanto, no consiste en crear un derecho nuevo, sino en hacer que pueda ejercerse de manera efectiva.
En la vida diaria, esa garantía se mide por hechos concretos. Una familia necesita agua para beber, preparar alimentos, mantener condiciones de higiene y realizar tareas básicas del hogar. Cuando el suministro es irregular, debe reorganizar sus horarios, almacenar lo que alcanza a recibir o buscar otras formas de abastecimiento. Esas medidas consumen tiempo y pueden representar gastos adicionales. Por ello, una respuesta institucional no puede limitarse a anunciar que el servicio existe: debe explicar si llega, con qué frecuencia y en qué condiciones.
El planteamiento de Mejía Berdeja pone en el centro a quienes reportan fallas y solicitan atención. Una denuncia vecinal puede señalar la ausencia total de suministro, una presión insuficiente, cortes frecuentes o dudas sobre la calidad del agua. Cada situación exige una revisión específica. Agrupar todas las quejas bajo una misma explicación impide conocer el alcance del problema y dificulta comprobar si la medida adoptada realmente lo resolvió.
Escuchar a las personas afectadas también implica informarles qué sucederá después de presentar un reporte. Un servicio digno requiere canales de atención claros, seguimiento y respuestas comprensibles. Si una colonia recibe una solución provisional, sus habitantes deben conocer cuánto tiempo durará y cuál es el plan para recuperar un abastecimiento estable. La información permite a las familias organizarse y ofrece un punto de referencia para exigir resultados.
Atender la emergencia y corregir las causas
Ante una interrupción, el abastecimiento por medios alternos puede ayudar a cubrir necesidades inmediatas. Sin embargo, su utilidad durante una emergencia no sustituye la revisión de redes, equipos, fugas o cualquier otra causa que haya afectado el suministro. Esta diferencia es clave en la exigencia de soluciones de fondo: llevar agua hoy es indispensable para quien la necesita, pero evitar que vuelva a faltar exige identificar y atender el origen de la falla.
No todas las interrupciones tienen la misma causa ni pueden resolverse con una medida uniforme. Por eso, antes de anunciar una solución definitiva, corresponde contar con información verificable sobre el estado de la infraestructura, los trabajos necesarios y los plazos previstos. Publicar esos datos ayudaría a distinguir entre una reparación puntual y una intervención de mayor alcance. También permitiría evaluar si las acciones anunciadas producen una mejora perceptible para las familias.
La transparencia es parte de esa respuesta. Las personas afectadas necesitan saber quién recibe los reportes, qué autoridad u organismo da seguimiento y cómo se verifica el restablecimiento del servicio. Una obra concluida o un operativo realizado son datos relevantes, pero el resultado más importante es que el agua llegue a los hogares en condiciones adecuadas. Medir la atención únicamente por el número de acciones anunciadas puede dejar fuera la experiencia de quienes continúan esperando.
Desde su responsabilidad como diputado federal, Mejía Berdeja manifestó que seguirá poniendo sobre la mesa las denuncias ciudadanas. Esa expresión de respaldo debe sostenerse con seguimiento público a los señalamientos y con una exigencia clara de respuestas a las instancias competentes. El objetivo es que las familias puedan conocer qué se está haciendo frente a sus reportes y qué pasos faltan para recuperar un servicio confiable.
Para el Partido del Trabajo, la defensa del derecho al agua parte de una demanda sencilla: que ninguna familia tenga que acostumbrarse a vivir pendiente de si habrá suministro. Atender cada reporte, comunicar los avances y corregir las fallas persistentes son tareas que deben reflejarse en la vida cotidiana, no quedarse en declaraciones. La exigencia continuará mientras haya personas que pidan lo esencial: abrir la llave y contar con agua suficiente para vivir con dignidad.
Ricardo Mejía Berdeja afirmó que el acceso al agua debe garantizarse a todas las familias. Pidió mantener visibles las denuncias por el servicio y atender tanto las necesidades inmediatas como las causas del desabasto.


