A 58 años de Tlatelolco, el PT Jalisco exige memoria, verdad y justicia frente a la represión de Estado
El 2 de octubre de 1968 no fue un accidente ni un enfrentamiento aislado: fue el resultado de una política de represión contra un movimiento estudiantil que exigía libertades democráticas. A 58 años de la masacre de Tlatelolco, la memoria de las víctimas permanece viva y también la exigencia de señalar las responsabilidades de quienes tomaron las decisiones que llevaron al uso de la fuerza contra estudiantes y población civil.

El Gobierno Federal estaba encabezado por Gustavo Díaz Ordaz, quien, de acuerdo con la documentación histórica del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, decidió utilizar al Ejército para reprimir el movimiento estudiantil. El propio INEHRM describe al régimen de 1968 como autoritario y represivo y señala la responsabilidad del gobierno en la respuesta violenta frente a las movilizaciones.

En aquella estructura de poder también ocupaba un papel central Luis Echeverría Álvarez, entonces secretario de Gobernación. La investigación de la entonces Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado incluyó a Díaz Ordaz, Echeverría y diversos mandos militares y policiacos dentro de las indagatorias relacionadas con los acontecimientos del 2 de octubre.
Pero la responsabilidad no termina en los nombres de los funcionarios civiles. La operación represiva involucró a fuerzas militares y cuerpos de seguridad. El Archivo General de la Nación documenta que la llamada Operación Galeana fue puesta en marcha para detener a integrantes del Consejo Nacional de Huelga y que participaron elementos del Ejército y del Batallón Olimpia, cuyos integrantes se encontraban apostados estratégicamente en la zona de Tlatelolco.

El Batallón Olimpia tuvo un papel particularmente relevante aquella tarde. Sus integrantes operaban vestidos de civil y portaban como distintivo un guante o pañuelo blanco. Fuentes del Archivo General de la Nación y del INAH documentan su presencia en la Plaza de las Tres Culturas y la secuencia de disparos que desencadenó el caos y la represión.
Entre los nombres señalados en investigaciones oficiales aparecen también mandos como Luis Gutiérrez Oropeza, entonces jefe del Estado Mayor Presidencial; José Hernández Toledo, comandante del Primer Batallón de Fusileros Paracaidistas; Ernesto Gutiérrez Gómez Tagle, relacionado con el mando del Batallón Olimpia; además de otros funcionarios civiles, militares y policiacos. La documentación de la Fiscalía Especial recoge que varios de ellos fueron incluidos en investigaciones por los hechos de Tlatelolco.

Por eso, recordar el 2 de octubre también significa hablar de responsabilidades. No se puede reducir la tragedia a una simple confrontación entre estudiantes y fuerzas del orden. La historia documenta una operación represiva en la que participaron instituciones del Estado y cuerpos militares y de seguridad.
Para el PT Jalisco, la memoria de Tlatelolco debe mantenerse viva porque la democracia se construye también aprendiendo de los abusos del pasado. Las diferencias políticas jamás deben resolverse mediante la violencia, la persecución o la represión de quienes ejercen su derecho a manifestarse.

A 58 años, las preguntas siguen abiertas y la memoria continúa exigiendo respuestas. No hay democracia plena cuando se intenta borrar a las víctimas ni cuando se pretende que el paso del tiempo convierta la represión en olvido.
🕊️ ¡Ni perdón, ni olvido!
✊ ¡Los responsables tienen nombre y apellido!
🇲🇽 ¡2 de octubre no se olvida!
✊ ¡Nunca más la represión contra el pueblo!


